“Uno para todos”: la estrategia comunitaria detrás de la sostenibilidad de El Cuarto Mosquetero

Durante más de una década, este medio independiente de la Orinoquía colombiana ha construido una estrategia de sostenibilidad basada en la confianza, la formación comunitaria y la creación de redes locales.
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Laura Rodríguez Salamanca

26 agosto, 2026

La comunidad sostiene a El Cuarto Mosquetero tanto como El Cuarto Mosquetero sostiene a su comunidad. Esa relación de reciprocidad explica por qué un pequeño medio regional e independiente de la Orinoquía colombiana ha logrado construir un modelo de sostenibilidad que trasciende la publicidad, las métricas digitales y los ciclos de la cooperación internacional.

“Aprender de comunicación y periodismo era una necesidad para la vida de los campesinos”, recuerda Lina Álvarez, directora y una de las fundadoras de este proyecto que desde hace once años apuesta por un periodismo empático que impacte y transforme la vida de sus audiencias, y que hace todo lo posible para que ellas repliquen el modelo.

Comunidad, más que audiencia

Como medio independiente, comunitario, colaborativo y regional, “El Cuarto” ha logrado posicionarse a la par de medios con alcance nacional para impulsar una estrategia de sostenibilidad centrada en el contacto real con sus audiencias.

Desde su nacimiento en 2016 en Villavicencio, puerta de entrada a los llanos orientales, El Cuarto Mosquetero se ha trazado el objetivo de evolucionar hasta convertirse en un agente vivo dentro de su comunidad.

A diferencia de proyectos nativos digitales de las grandes ciudades, entendieron pronto que los clics o las visualizaciones muestran apenas una superficie y no le hacen justicia al verdadero alcance del trabajo que se propusieron.

Con el tiempo, consolidaron cada vez más su estrategia de verse cara a cara con sus audiencias y cultivar en ellas, incluso a edades tempranas, un espíritu colectivo de bienestar e inclusión. Gracias a que registran y estudian las métricas de sus acciones, saben que a la fecha han impactado la vida de 1,400 niños y niñas a través de 25 propuestas organizativas en distintos barrios, colegios y escuelas.

Un modelo para multiplicar

Una de las propuestas nació en 2021, cuando crearon las escuelas itinerantes de Comunicación para la Paz, con las que han formado en municipios y veredas a más de 200 personas en radio, audiovisuales y redacción con el objetivo replicador de fortalecer a los medios hiperlocales.

Su compromiso con el trabajo en comunidad ha hecho que El Cuarto Mosquetero no se parezca a otros medios, sin que eso riña con su pertinencia periodística.

Registro de una de las escuelas itinerantes de El Cuarto Mosquetero.

Su estrategia generalmente explora “río arriba” y fomenta procesos de comunicación de largo aliento que atienden necesidades de comunidades como víctimas del conflicto, campesinos y firmantes del Acuerdo de Paz que suscribieron el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Farc en 2016.

Con estos espacios han logrado expandirse, pero también construir una agenda informativa relevante para sus audiencias y generar relaciones de confianza de las que han surgido nuevos colectivos de comunicación y hasta proyectos de investigación conjunta con otros medios.

Los frutos de esta combinación ya son palpables. En 2021, Lina Álvarez y el Cuarto Mosquetero llegaron a Metis, un programa de acompañamiento y fortalecimiento para mujeres líderes de medios de SembraMedia en alianza con Google News Initiative, un paso que marcó un punto de inflexión para consolidar capacidades clave.

Su participación les permitió fortalecer la estructura organizacional del medio, potenciar el liderazgo de Lina y construir un equipo con mayor autonomía, sentando bases más sólidas para su sostenibilidad y expansión.

En 2024, ganaron el Premio Nacional Simón Bolívar, el más prestigioso del periodismo en Colombia, junto con el medio Voces del Guayabero, que trabaja en los límites de los departamentos del Meta, Guaviare y Caquetá, zonas históricamente afectadas por el conflicto armado.

Compromiso y solidaridad

En ese camino, El Cuarto Mosquetero ha encontrado decenas de aliados de todos los tamaños que reconocen el valor de su trabajo y su conocimiento del territorio. Además, el mismo medio se ha preocupado por mantener su modelo diversificado y sostenible gracias a la propia comunidad.

“Hemos tenido financiación con la cooperación alemana o noruega, pero cuando no hay financiación las comunidades entran a respaldar. Por ejemplo, ellas cocinan y nosotras compramos el mercado; o a veces cubren el transporte y yo consigo hospedaje solidario”, explica su fundadora.

Su trabajo con medios del ecosistema colombiano y organizaciones sociales les ha permitido diversificar también sus perfiles profesionales, aprender sobre formulación de proyectos para la cooperación internacional o conocer metodologías para aplicar a becas y convocatorias públicas y privadas que resultan en investigaciones o procesos formativos.

Parte del equipo en Mosquetero Fest 3, en 2024.

Un medio fuerte es un territorio fuerte

A estas iniciativas también se sumaron la creación de Mosquetero, su agencia de contenidos, y de Mosquetero Fest, un festival anual que va en su quinta edición y ha impactado a unas 500 personas a través de talleres, espacios culturales, charlas y donde su propia audiencia se cita para robustecer, mejorar o actualizar capacidades específicas del quehacer periodístico.

“Nosotras vemos la comunicación y el periodismo como un proceso para dejar capacidades instaladas y de retornar lo que sabemos a las comunidades”, dice Lina.

Con epicentro en una zona con presencia histórica de grupos armados, la relación cercana de El Cuarto Mosquetero con su comunidad también ha derivado en una estrategia de seguridad.

En once años de vida del medio, nunca han enfrentado una amenaza de este tipo. “Son las comunidades las que incluso garantizan que todo esté listo para cuando nosotras vamos. Y son estas las que normalmente nos llaman para ir. Cuando la comunidad encuentra un valor en el medio, en los procesos que lleva con la organización, se vuelve defensora también”, resalta Álvarez.

Medir el impacto que más importa

Esta aproximación paralela entre formación comunitaria y periodismo ha ampliado el abanico en su medición de impacto. Al ser un medio digital, aún se fijan en las métricas digitales, que les permiten entender mejor a sus audiencias y refinar el contenido que están creando para su página web. “Pero nosotras también medimos el alcance que tenemos en términos de personas”, explica.

Un ejemplo de este alcance ha ocurrido con algunos niños y niñas que hicieron parte de Reporteritos y Reporteritas y que, años después, han decidido estudiar periodismo o se han vinculado al equipo de El Cuarto. “Para mí, esos han sido de los impactos más evidentes, porque hay una continuidad en las herramientas que les estamos ofreciendo”.

“Con la Escuela Itinerante de comunicación para la Paz, uno de los impactos más grandes que hemos tenido es que en casi todos los municipios del sur del Meta se han creado colectivos de comunicación”, amplía. Además, estos colectivos han comenzado a generar sus propios procesos de impacto, como la creación de festivales de cine y una articulación con El Cuarto.

Por más Mosqueteros

Más de diez años después de su creación, actualmente se consideran un proyecto sostenible que ha aprendido a combinar pertinencia y relevancia periodística, espíritu comunitario, con una organización seria que se proyecta a largo plazo.

Su apuesta ahora apunta a optimizar recursos para llegar a toda la Amazorinoquía colombiana, un movimiento que confían se pueda apalancar en su propio impacto, que con los años se ha traducido en una audiencia comprometida. 

“El Cuarto no existiría si no fuera porque se ha consolidado en todos quienes han hecho parte de su historia e incluso de las mismas comunidades, que se sienten con el derecho de exigirnos coherencia”, concluye su fundadora.

En uno de los países con más medios independientes de Latinoamérica, El Cuarto Mosquetero ha sabido destacar porque prueba que la sostenibilidad no solo reposa en la escala de las audiencias ni de los ingresos publicitarios convencionales.

En su modelo de negocio reconocen la importancia de consolidarse como un espacio de confianza y un actor relevante para una comunidad que, aunque pequeña, ha construido una red de relaciones, capacidades y alianzas basada en el respeto por el trabajo digno, la sostenibilidad financiera y el impacto social.

Un ejemplo de cómo los emprendimientos periodísticos pueden aumentar su resiliencia cuando trascienden el papel de productores de contenidos y se convierten en articuladores de ecosistemas locales, capaces de generar valor compartido, fortalecer nuevas iniciativas y mantener su relevancia a largo plazo.

*Imágenes: cortesía de El Cuarto Mosquetero.

**Este artículo fue producido por Laura Rodríguez Salamanca y Andrés G. Borges.

Laura Rodríguez Salamanca es investigadora digital y periodista con experiencia en verificación de desinformación, discurso público y productos periodísticos. Trabajó en la unidad de fact-checking de la agencia AFP y en Colombiacheck. Hace parte de Las Lupas, un laboratorio de investigación digital para el movimiento social. Es integrante de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas de Distintas Latitudes.  

Andrés G. Borges es consultor editorial en SembraMedia. Es periodista de la Universidad de la Sabana (Bogotá), M.A. en Comunicación Multimedia de la CEU San Pablo y M.A en Periodismo Digital de The Communications & Arts Institute (España). Ha participado como editor y líder de proyectos periodísticos en medios como El Tiempo, El Heraldo, Revista Semana, CM&, Canal 1, Pacifista!, Infobae Colombia, Agence France Presse, entre otros. Ha sido becario de ICFJ, Search for Common Gound y La Fundación Gabo. Ha colaborado para publicaciones internacionales como Marca, Yorokobu Mag, Panenka, Meer, e integrado los equipos digitales de El País de España y The Huffington Post en Washington.