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Prevalecer en la distancia: claves para hacer periodismo desde el exilio

Cubrir a un país desde la distancia impone siempre el reto de acceder a las fuentes y a la información, pero también el de mantener la calidad del periodismo y garantizar la seguridad y bienestar de los periodistas. Pese a los obstáculos, es un camino cargado de responsabilidad con valiosas lecciones y recompensas.
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Laura Rodríguez Salamanca

27 June, 2024

Cuando una persona dice que llueve y otra dice que no, la tarea del periodista es abrir la ventana y comprobar lo uno o lo otro. Ese es un ejemplo didáctico y recurrente para explicar el oficio, pero ¿qué pasa si ‘la ventana’ está a miles de kilómetros? Así trabajan los medios en el exilio: a enormes distancias de las noticias y sin la posibilidad de reportar de primera mano los hechos, muchos de ellos con un equipo disperso por el mundo.

“Yo duermo en Costa Rica pero mi mente siempre está en Nicaragua”, cuenta Wilfredo Miranda, cofundador y director editorial de Divergentes, un medio nicaragüense independiente fundado en 2020. Un año después, comenzó contra Miranda una “persecución judicial” que lo obligó a él y a su equipo a salir del país. “Me amenazaron con ocho años de cárcel con la Ley de Ciberdelitos, con la que el gobierno decide si lo que alguien publica son noticias falsas”, dijo. 

Se trata de un “fenómeno en crecimiento”, en palabras de la presidenta del Centro Internacional para Periodistas, Sharon Moshavi. Las principales barreras que se han identificado para ejercer el periodismo desde el exilio o con equipos mixtos son la falta de financiamiento, la dificultad para llegar a sus audiencias y el reclutamiento de nuevos talentos. 

Los cofundadores de Divergentes, Carlos Herrera (izq.) y Wilfredo Miranda.
Los cofundadores de Divergentes, Carlos Herrera (izq.) y Wilfredo Miranda.

El de Divergentes es uno de varios casos en Nicaragua. La Prensa, periódico insignia de Nicaragua con 98 años de historia, fue allanado por el régimen de Ortega en 2022, una medida que les arrebató activos por 37 millones de dólares, según cuenta desde Costa Rica Arlen Pérez, editora del medio: “El régimen ha evolucionado en sus formas de identificar a los periodistas que quedan. Nosotros decimos que están haciendo la repela”.

Algo similar vivió José Jasán, editor general de El Toque, un medio cubano que nació gracias a una ONG holandesa en 2014 y que pasó a manos cubanas en 2018. En 2019, Jasán salió de la isla hacia Estados Unidos debido a la persecución contra él y su esposa. “Yo no fui el primero que había partido al exilio. Ya para entonces teníamos algunas personas trabajando desde fuera de Cuba”, recuerda.

Pero la experiencia de vivir, trabajar o informar “en el exilio” —una etiqueta que comparten todos estos medios y periodistas— no es sólo un compendio de obstáculos esperables para la operación en terreno, las comunicaciones o el acceso. Su tenacidad les ha demostrado que son capaces de prevalecer y ha forjado su recursividad, creatividad, relevancia y sentido de pertenencia.

Hablamos con varios periodistas sobre cómo se logra hacer periodismo a distancia y nos compartieron lecciones y aprendizajes clave.

Sobreponerse con recursividad 

La larga distancia es “complicadísima” para hacer periodismo, reconoce Miranda de Divergentes, por eso han tenido que afianzar sus maneras de reportar: desde ampararse en el anonimato para proteger a las fuentes hasta verificar la información con al menos seis de ellas. 

Como no pueden hacer periodismo en condiciones normales, Miranda cuenta que, por ejemplo, los periodistas que aún están en terreno aprovechan sus compras en el mercado para hablar con la gente y recoger información en un chat. “Y de pronto estás grabando o tratas de memorizarlo todo para ser lo más fiel posible, porque no hay posibilidad ni de salir con una cámara”.

Wilfredo Miranda entrevista en San José de Costa Rica a emigrantes venezolanos que atravesaron el paso panameño del Darién para llegar a Estados Unidos.

Las declaraciones anónimas son clave en el periodismo desde el exilio. Roberto Deniz, reportero de Armando.info, un medio venezolano que nació en 2014 y que entre 2017 y 2018 tuvo que exiliar a la mitad de su equipo por los hostigamientos del gobierno de Nicolás Maduro, explica que el trabajo remoto los ha obligado a utilizar con mucha frecuencia fuentes off the record, lo que provoca que el proceso de verificación sea mucho más largo.

Para informar sobre Cuba, los periodistas de El Toque también tuvieron que adaptar su forma de hacer periodismo. Antes tenían un equipo de 24 personas en la isla que compartían espacios, ahora cuentan con un grupo de miembros que no se conocen entre ellos y varios coordinadores internacionales que organizan su estrategia de compartimentación. “Minimizar la información que tiene cada persona es el mecanismo más seguro para proteger”, explica Jasán.

Otra estrategia que identificaron fue la de fortalecer la relación con sus audiencias “para que se convierta en esa red de reporteros en el terreno que no tenemos”, añade.

En eso coincide Arlen Pérez, de La Prensa, y destaca que ha sido una práctica determinante para mantener el medio. “Hemos sobrevivido por la confianza que la gente ya tenía en la marca y en las personas que trabajan aquí”.

Directivos de La Prensa en el vuelo de expulsión de los 222 presos políticos de Nicaragua, en 2023.

Para Wilfrido de Divergentes, su trabajo previo ha sido clave para generar y mantener fuentes que confían en ellos y que los siguen buscando. La reportería a distancia se complementa con el monitoreo constantemente redes sociales, documentos como gacetas, diarios oficiales o portales de compra.

Otros como Armando.Info han encontrado soluciones al bloqueo en Venezuela de su página web a través de redes sociales como X o Instagram, espacios que escapan al control y la censura estatal. Además, generan URLs a sitios espejo de su portal.

Cada periodista es irremplazable

Pero el periodismo lo hacen las personas y, más allá de las estrategias para sobreponerse, el exilio nunca deja de ser un drama humano. Miranda reconoce que muchos periodistas han dejado la profesión por temor a la persecución y la inseguridad, que con frecuencia se extiende a sus familias.

En paralelo, conseguir a nuevos periodistas en Nicaragua es todo un reto, pues el gobierno intervino varias universidades y los jóvenes cada vez se inclinan menos por el oficio debido al cierre del espacio cívico y la falta de condiciones para ejercerlo. Cada vez que se va un periodista es una pérdida irremplazable. “Hasta el día de hoy hay tres plazas que no hemos podido llenar porque nadie quiere hacer periodismo en Nicaragua”, señala.

Pérez y su equipo han desarrollado una máxima ética para su trabajo según la cual ningún reportaje vale lo suficiente para ser encarcelado. “La seguridad de tu periodista está por encima de una primicia o de una investigación”, sostiene.

En Cuba, El Toque también ha tenido que renunciar a hacer ciertos cubrimientos, pues han aprendido que enviar a un corresponsal a cubrir una protesta sería tanto como entregarlo al gobierno.

Otros como Armando.Info entendieron que su sala de redacción, un espacio vital en cualquier medio, los hacía vulnerables a los hostigamientos del gobierno venezolano. Deniz cuenta que decidieron abandonar la oficina en Caracas para evitar acciones contra del equipo.

Imagen cortesía de La Prensa.
Imagen cortesía de La Prensa.

Mantener el tejido humano

La unidad y el contacto dentro de las organizaciones ya son cruciales en cualquier medio, para las que permanecen en el exilio son incluso un apoyo que trasciende lo profesional hasta lo emocional.

Para lidiar con el peso de seguir cubriendo el país de origen y sentir la presión económica y emocional del exilio, en La Prensa han recurrido a construir una red de apoyo que les permite tener siempre a alguien cerca y, en caso de alguna emergencia, a quién acudir. Asimismo, se han acompañado de otros migrantes para integrarse en el país receptor, en asuntos básicos como acceder a los servicios de salud.

Desde Costa Rica, los nicaragüenses de Divergentes tratan de mantener una comunicación constante con el equipo, atenta a sus vidas y sus familias. También buscan capacitaciones para que los reporteros viajen a otro país o incentivan la desconexión en momentos de alto estrés, “porque estar exiliado no es fácil”, reconoce Miranda.

Para medios como El Toque, la salida de un periodista de Cuba hacia Estados Unidos representa un incremento de 10 o 15 veces en su salario, que el medio no puede asumir, por lo que han ido saliendo de a pocos. Actualmente, el 75% del equipo está fuera de la isla.

Armando.Info tiene a casi la mitad de su equipo de periodistas fuera de Venezuela y, desde que emigraron, no han dejado de hacer una reunión de editorial a la semana para mantener una rutina y no perder el ritmo, cuenta Deniz.

Las victorias y recompensas

La adversidad no es un factor inesperado, al fin y al cabo son periodistas independientes latinoamericanos. Tienen claro que están cumpliendo con un servicio valioso, que incluso contribuye a su eventual regreso, y para muchos de ellos esa es la mayor recompensa. “Estamos siendo útiles para la gente en un momento de oscurantismo en Nicaragua”, opina Miranda. “Nosotros somos periodistas, tenemos un compromiso bien particular con el oficio, pero creo que a la larga somos ciudadanos y queremos vivir en una democracia aceptable”.

El sitio web de Divergentes pasó de tener 300 visitas al mes a más de 180,000 visitas únicas en promedio. Lo mismo le pasó a El Toque: en palabras de Jasán, eran un medio de nicho y hoy son uno de los más visitados.

Y aunque también han ganado reconocimientos como el de Asociación de Estudios Latinoamericanos, “el premio principal son las miles de personas que todos los días entran al sitio, entienden la función que hacemos y socializan nuestros contenidos”, añade Jasán.

Arlen Pérez cree que el mayor logro de La Prensa es básicamente cada publicación que logran, y ser una piedra en el zapato para el régimen. Además, se siente orgullosa de que La Prensa, con casi un siglo de historia, ha sido escuela para otros periodistas y medios, como el mismo Divergentes. “Mi satisfacción personal es formar parte de una marca que no solo está siendo la piedrita en el zapato, sino que está creando pequeñas piedritas”.

Atrás, de camisa azul, el periodista Wilfredo Miranda, corre tras una moto en la que llevan a un ciudadano herido de bala mientras protestaba contra el régimen de Daniel Ortega en 2018. (Foto cortesía)

Para Deniz, más que una recompensa, seguir publicando desde el exilio era la única alternativa es una responsabilidad. “Yo creo que el trabajo de un periodista siempre es valioso, pero es mucho más valioso en un contexto como el que puede ser el contexto venezolano”.

También cree que el exilio no es el fin. En su caso, cree que esta situación le ha traído algunos beneficios en determinados momentos. “Estoy convencido que no hubiese podido seguir con muchas de las investigaciones que he hecho quedándome en Venezuela”, asegura.

No es un asunto de valentía, sino de responsabilidad. “Si estamos hablando de un contexto donde tu país llega al punto de que tú te tienes que ir el exilio para ejercer el periodismo. Bueno, ese país necesita periodistas y mejor periodismo independiente. Lo que hay que hacer es persistir y continuar con el trabajo”, concluye.

¿Qué aprendizajes les ha dejado el exilio?

En medio de un creciente ambiente hostil para la prensa en varios países de Latinoamérica, es probable que otros colegas encuentren útiles estos testimonios. Por eso, les pedimos a los periodistas y líderes de medios que accedieron a hablar para este artículo que compartieran con ellos las lecciones, aprendizajes y recomendaciones que les ha dejado esta experiencia. Esto nos contaron:

  • “Tratar de siempre estar un paso más allá de los autoritarios. De cierta manera pensar con perversidad autoritaria y tratar de adivinar por dónde vienen, para que cuando te golpeen no te agarren con las manos arriba”, Wilfredo Miranda, de Divergentes.
  • Mantener la relación con sus fuentes a la distancia. Explicarles que tras el exilio el periodismo se cocina más lento, lo que también implica olvidarse de la primicia. Además, estar atentos a señales de alerta: discursos de odio, agresiones verbales o físicas o vigilancia. “Cuando tú detectas estas señales, te vas preparando para lo que viene. Yo sabía que en algún momento tenía que salir de mi país”, Arlen Pérez, de La Prensa.
  • Seguir operando al llegar al país receptor, no paralizarse. Acudir a las muchas organizaciones que pueden ayudar como la SIP, el Institute for War & Peace Reporting, el CPJ o Reporteros Sin Fronteras. “Ese tipo de organizaciones son aliados estratégicos en ayudarte a asentarte en algún país y en constituir legalmente una entidad”, José Jasán, de El Toque.
  • Adoptar la transparencia como valor fundamental. No solo hacia las audiencias para explicar cómo hacen periodismo, sino también hacia los donantes, para que entiendan las circunstancias y contingencias que deben afrontar los medios exiliados, dice Roberto Deniz, de Armando.Info

* Laura Rodríguez Salamanca es investigadora digital y periodista con experiencia en verificación de desinformación, discurso público y productos periodísticos. Trabajó en la unidad de fact-checking de la agencia AFP y en Colombiacheck. Hace parte de Las Lupas, un laboratorio de investigación digital para el movimiento social. Es integrante de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas de Distintas Latitudes.